jueves, 2 de octubre de 2014

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Una sola puerta de tres, abierta. 
Una sola puerta. 
Enfrente, la montaña. 
Pasa la nube inmensa; 
toda suya... todo suyo. 
Huracanes de vientos; 
lluvia andante semiparalela 
y en todo el monte funerales alegres, naturales, 
de hojas muertas. 

Los cabellos terráqueos danzan todos iguales 
al son de trompetas invisibles que vienen de los mares. 

Llegó el otoño; llegó la muerte... 
¡Mas no para todos! 
Hoy morirán hojas y animales. 

Mas no morirán para siempre y, en su transformación de mañana 
darán 
con más calor 
a la tierra, 
de su muerte, 
pasado mañana, 
brotes de espeanza. 

Y yo no he muerto. 
Me alegro de la lluvia 
y me alegro del viento. 
Si tengo frío, me caliento; 
si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!, 
susurro y pienso... 
y para mañana 
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza. 

Una sola puerta de tres, abierta. 
Una sola puerta inmensa.
 
Manolo Chinato

 
 
 

2 comentarios:

  1. Con sólo una, basta,... Un abrazo, basta.

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  2. y si hubiera dos raciones,
    lo mismo fuera:
    des
    es
    pe
    ranza

    a lo más


    abrazos

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