jueves, 2 de octubre de 2014

32



 
 

 


Una sola puerta de tres, abierta. 
Una sola puerta. 
Enfrente, la montaña. 
Pasa la nube inmensa; 
toda suya... todo suyo. 
Huracanes de vientos; 
lluvia andante semiparalela 
y en todo el monte funerales alegres, naturales, 
de hojas muertas. 

Los cabellos terráqueos danzan todos iguales 
al son de trompetas invisibles que vienen de los mares. 

Llegó el otoño; llegó la muerte... 
¡Mas no para todos! 
Hoy morirán hojas y animales. 

Mas no morirán para siempre y, en su transformación de mañana 
darán 
con más calor 
a la tierra, 
de su muerte, 
pasado mañana, 
brotes de espeanza. 

Y yo no he muerto. 
Me alegro de la lluvia 
y me alegro del viento. 
Si tengo frío, me caliento; 
si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!, 
susurro y pienso... 
y para mañana 
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza. 

Una sola puerta de tres, abierta. 
Una sola puerta inmensa.
 
Manolo Chinato

 
 
 

sábado, 27 de septiembre de 2014

31

 
Foto: Daisuke Yokota
 
 
 
 

SYLVIA PLATH

(Soy vertical … pero preferiría ser horizontal)

 
PRIMERA VOZ:

Estoy tranquila. Estoy tranquila. Es la calma que precede a algo terrible:    el amarillo minuto antes de que el viento se levante, cuando las hojas    vuelven hacia arriba las pálidas palmas de sus manos.    Hay tanta quietud aquí.    Las sábanas, los rostros, son blancos, y están detenidos, igual que relojes.    Las voces se mantienen a distancia y se comprimen. Sus visibles jeroglíficos    se aplastan como biombos de pergamino que protegen del viento.    ¡Pintan tales secretos en árabe, en chino!    Soy muda y oscura. Soy una semilla a punto de estallar.    La oscuridad es mi parte muerta, y está resentida:    no quiere ser más, ni diferente.    La oscuridad me cubre de azul, ahora, como a una Madonna.    ¡Oh color de la distancia y del olvido!    ¿Cuándo llegará el segundo en que el Tiempo rompa    y la eternidad lo sumerja, y me hunda por completo?    Hablo conmigo, sólo conmigo, aislada,    lavada y roja de desinfectantes, sacrificial.    La espera pesa sobre mis párpados. Yace como el sueño,    como un gran mar. Lejos, lejos, siento la ola empujar    su carga de agonía hacia mí, ineludible, la marea.    Y yo, una caracola, haciendo eco en la playa blanca    me enfrento a las voces que inundan, al terrible elemento
 
TERCERA VOZ:   
Ahora soy una montaña en medio de mujeres como montañas.    Los médicos se mueven entre nosotras como si nuestro tamaño    perturbara la mente. Sonríen como imbéciles.    Son culpables del estado en que me encuentro, y lo saben.    Se abrazan a su vulgaridad como a una especie de salud.    ¿Y qué si se encontraran sorprendidos igual que yo?    Se volverían locos.    ¿Y qué si dos vidas se escurriesen entre mis muslos?    He visto la limpia sala blanca con sus instrumentos.    Es un lugar de alaridos. No es feliz.    «Aquí es donde vendrás cuando estés preparada.»    Las luces de la noche son planas lunas rojas. La sangre las apaga.    No estoy preparada para que algo me suceda.    Debería haber asesinado a lo que me asesina
 
SEGUNDA VOZ:   
 Soy acusada. Sueño con masacres.    Soy un jardín de negras y rojas agonías. Las bebo,    odiándome, odiando y temiendo. Y ahora el mundo concibe    su fin y corre en pos de él, los brazos tendidos hacia el amor.    Un amor de muerte que todo lo enferma. Un sol muerto tiñe el periódico. Es rojo.    Pierdo vida tras vida. La negra tierra se las bebe.    Ella es la vampira de todas nosotras. Así nos sostiene,    cebándonos, bondadosa. Su boca es roja.    La conozco. La conozco íntimamente.    Vieja cara de invierno, vieja cara estéril, vieja bomba de tiempo.    Los hombres la han usado vilmente. Se los comerá.    Se los comerá, se los comerá, se los comerá al final.    El sol se pone. Muero. Provoco una muerte
 
TERCERA VOZ:   
 Ella es una pequeña isla, adormecida y tranquila,    y yo soy un barco blanco que hace sonar su sirena: adiós, adiós.    El día es esplendoroso. Es muy triste.    Las flores de este cuarto son rojas y tropicales.    Han vivido detrás de un cristal toda la vida, han sido cuidadas con ternura.    Ahora se enfrentan a un invierno de sábanas blancas, rostros blancos.    Hay muy poco que meter en mi maleta.    La ropa de una mujer gorda a quien no conozco.    Mi peine y mi cepillo. Hay un vacío.    Soy tan vulnerable de repente,    una herida marchándose del hospital. Una herida a la que dejan ir.    Dejo mi salud atrás. Dejo a alguien    que se adhería a mí: desato sus dedos como si fuesen vendas: me voy.
 

lunes, 22 de septiembre de 2014

miércoles, 3 de septiembre de 2014

29




No tengo nada que decir. Ya lo dice todo Cortazar, en este breve capítulo. Podría amanecer así cada lunes, cada día de la semana. Podría morir de esa asfixia  y resucitar con el boca a boca de la literatura.

Capítulo 7 de RAYUELA

domingo, 31 de agosto de 2014

28

 
Foto:Alin Ciortea
 
 
Su cuerpo se contoneaba con total pretensión y alevosía. Una danza endemoniada parecía poseerla y cada nota de música aumentaba el vaivén de sus caderas, su frenesí. Provocadora, le mataba lentamente acercando sus labios al destino. La noche cubrió su cuerpo de una lasciva oscuridad, envolvía deseos enroscados en los rizos que jugaban con las luces de neón.
Así, dándole una gran calada a su cigarro quemaba sus ganas y con ansia exhalaba el humo en la cara perpleja de aquel hombre que nunca, antes, había ardido. Aquel hombre que consumía  en su menú diario el plato que más detestaba.
Hay quienes no son capaces de asesinar situaciones sin tener resentimiento de culpa, quienes  no son capaces de morder una emoción, quienes viven la vida de otros y la suya la sacrifican a la mediocridad de aquello que está bien para los demás aunque cada uno de sus sueños nazca muerto. Hay quienes se conforman con la infeliz y triste existencia de poseer un billete en la mano para quedarse en el andén.
 
Hay quienes tras leer esto no querrán reconocer que se reflejan.

jueves, 21 de agosto de 2014

27

El compromiso y la rebeldía fue precisamente el que llevó a que Zarmina, una joven escritora afgana, acabara quemándose viva y abandonando este mundo años atrás. La poeta recitaba landays (breves poemas de dos versos que expresan quejas y miedos profundos) en una radio de mujeres a la que llamaba secretamente. Cuando sus hermanos la descubrieron, le dieron una paliza y le prohibieron volver a escribir aquellas cosas obscenas y vergonzosas para su familia. A Zarmina no le quedó más remedio que suicidarse. El fuego la liberaría para siempre. Las señales de su humo se elevarían en el cielo y lograrían que su historia se publicara en toda la prensa internacional

Así es la poesía secreta y mortal de las mujeres afganas (texto y poesía ampliado en el enlace a la noticia)





Yo llamo. Tu eres piedra
Un día cuando me busques, descubrirás que me he marchado.



Me vendiste a un hombre viejo, padre,
Que Dios destruya tu casa, yo era tu hija.



Hacer el amor con un hombre viejo
es como cogerse un arrugado tallo de maíz ennegrecido por el moho.



Cuando hermanas se sientan juntas, siempre alaban a sus hermanos.
Cuando hermanos se sientan juntos, venden a sus hermanas a otros.



Me haré un tatuaje con la sangre de mi amado
y apenaré a toda rosa en el verde jardín.



Desafortunado tú que no me visitaste anoche,
Confundí el duro poste de madera de la cama con un hombre.


Hija, en América los ríos no llevan agua,
Las niñas pequeñas en el internet llenan sus jarras.


Podría haber probado la muerte por una probada de tu lengua,
viéndote comer helado cuando éramos jóvenes.


Vamos, dejemos a estos idiotas de pueblo
y casémonos con hombres Kabul con cortes de pelo de Bollywood.


¡Traté de besarte en secreto pero estás calvo!
Tu desnudo cráneo contra la pared ha golpeado..


Mi amor es justo como sólo puede ser un soldado americano.
Para él soy obscura como un Talibán, así que me ha martirizado.


Oh cariño, tu eres Americano para mis ojos,
Eres culpable; lo siento.


Porque mi amado es Americano,
pústulas florecen en mi corazón.


Sueño que soy el presidente.
Cuando despierto, soy la pordiosera del mundo.


Vuelve negro de pólvora o rojo sangre
pero no vuelvas entero a deshonrar mi cama.


¿Qué podrías ser sino un bravo guerrero,
tu que has bebido la leche de una madre Pashto?


Mi amor dio su vida por nuestra tierra,
Coseré su velo con una hebra de mi cabello.


En batalla, deben haber dos hermanos;
uno para ser martirizado, otro que prepare el velo del primero.


Portas un denso turbante sobre tu calva
para ocultar tu edad. ¿Con qué motivo? ¡Estas casi muerto!


La vieja cabra buscaba un beso de mi abadejo
como quitarle un pedazo de carne del hocico a un hambriento perro.


Mi cuerpo es fresco como una hoja de henna;
verde por fuera; adentro, carne cruda.


¿Qué has hecho conmigo, Dios mío?
Otras han florecido, yo permanezco apretada como un brote.


Las viudas llevan dulces al altar de un santo.
Yo le llevaré a Dios palomitas, rogándole que mate al mío.


Mi cuerpo me pertenece a mí;
a otros su dominio.


En la prisión de Policharki, nada tengo que me pertenezca,
excepto el corazón de mi corazón que vive entre sus muros de piedra.


Estoy cansada de adorar flores exóticas,
Extraño los jardines de Sangin; eran pobres pero nuestros.


La separación trajo este tipo de pena:
Hizo de sí misma un mulla y a mí la ladrona del pueblo.


Que Dios destruya la Casa Blanca y mate al hombre
que envió misiles estadounidenses a quemar mi casa.


Bush, no te enorgullezcas tanto de tu carro armado.
Mi bomba remota, desde lejos, lo hará volar en pedazos.


Los drones han llegado al cielo afgano.
Las bocas de nuestros cohetes contestarán a su llamado.


Mi Nabi fue muerto por un drone.
Que Dios destruya a tus hijos, América, has asesinado a los míos.


Que Dios destruya a los Talibanes y termine sus guerras,
Ellos hecho de las mujeres afganas viudas y rameras.


Ven a Guantánamo.
Sigue el repique de mis cadenas.


Madre, ven a las ventanas de la prisión
Háblame antes de que vaya a la horca.


Por favor dile al guardia de la prisión
que no sea tan cruel con mi hijo, Allah Mohamad.


Hamid Karzai vino a Kabul
a enseñarle a nuestras niñas a vestirse en dólares.


Hamid Karzai envió a nuestros hijos a Irán
y los hizo esclavos de la heroína.


Separación, tu prendes fuego
en el corazón y casa de todo amante.

sábado, 9 de agosto de 2014